Testimonio de Eric Alvarado

Mi nombre es Eriz Alvarado, actualmente preso en el Centro de California Correctional Facility en Soledad, Ca.

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Mi nombre es Eric.  Mis queridos Padres me dieron buena crianza en Salinas,pero, a la edad de diecisiete años metí en una pandilla del barrio.  Lo hice a lo loco y por sentirme que era parte de algo que me daba respeto en las calles y en la escuela.

En Marzo 11, 2002, cuando estaba con unos de los pandilleros de mi ganga, vimos unos miembros de otra pandilla rivales por una caleta cerca a un parque donde niños jugaban.  Caminabamos hacia ellos y sacamos nuestras armas de pistolas y ellos sacaron las de ellos y empezó el tiroteo.  Uno de los muchachos de la otra pandilla disparo con un shotgun y todos corrieron.  No estábamos pensando como nuestra conducta afectaría gente inocente presente, o otras personas.  Solo nos importaba lo que sentíamos al momento, que teníamos que enseñarles que somos fuerte y nadie se salia con la suya intimidandonos.  No sabemos que las balas de una de las armas rebotaron de la pared y le pegaron en la espalda de un niño.

El siguiente día fui arrestado y interrogado por el tiroteo.  Un detective me dijo, “Sabemos que estabas presente.” Pero no admitiría a nada. Tenia una actitud arrogante con una Mirada. Luego dijo, “Acaso no sabes que le pegaron a un niño que una de las balas?”

Esas palabras como las balas de una pistola.  Los oficiales continuaron hablando, pero no me acuerdo de lo que decían después. Por unos segundos mi mente era como si no sentía por el shock del temor. Estuve con la pandilla porque quería ser aceptado y seguro, pero algo paso que no esperaba y imaginable. Fui quebrantado y confese.

Me mandarían a un cárcel para los juveniles y los procedimientos de la corte empezaron. Cuando comprendí que pasaría encerrado en prisión hasta que tuviera sesenta años, sentí temor y enojo dentro de mi. Fue Consuelo saber que el niño que le pegamos no sufrió heridas que amenazaron su vida. Pero todavía sentía vergüenza porque fui involucrado en algo que le causo daño a un niño que solamente esta jugando. Empece pensando en mi familia, y como no estaría allí por ellos cuando estuvieran en problemas o si pasara una tragedia. Si alguno de ellos fallaría, no podría atender el funeral. Me sentí asqueroso, temeroso y iría conmigo mismo.

Un día decidí ir a capilla donde un predicador dio un mensaje fuerte sobre la venida del Señor y el Dia de juramento. Estaba agarrando mi atención a una manera que no esperaba. Al escuchar sentí convicción por el daño que cause a otros y mi vida egoísta. La convicción era fuerte y la culpa me pegaba fuerte. Cuando regrese a mi celda, le clame al Señor y confese mi arrepentimiento por el dolor que le cause a otros. Le confese las muchas cosas que me avergonzaba y le pedí perdón y que me renovaba. También confese mi gran temor de la sentencia que ahora me daban. Le dije, “Dios, tengo miedo, por favor ayúdame, necesito tu ayuda.” Desde ese tiempo mis sentimientos y mi forma de actuar con otros comenzó a cambiar, y en muchas maneras miraba la gracia trabajando en mi.

Cuando entre en la prisión, el Señor me bendicio con compañero cristiano en la misma celda, era un señor mayor. El me ayudo en el entendimiento de el evangelio y vivir mí caminar con Cristo. Aunque estaba serio en viviendo por Cristo, era un joven con una sentencia de 40 años a vida, y sentía el dolor de mi situación, el dolor que cause a muchos y el temor que sentía por mi familia si algo les ocurriera. Sabia que quisa mis padres no estuvieran vivos cuando saliera. Mis hermanos estuvieran ya viejos, yo estuviera Viejo y no tuviera nada de experiencia en trabajando, y donde seria mi lugar en la sociedad? Parecía que no había propósito en salir de la prisión. Pero así con todo ese peso sobre mi, Cristo continuaba obrando en mi. Continuo fuertemente caminando con fe y con Cristo por mi presente y futuro.

Cumplí veinte años, luego llegue a los treinta. Pasando los años todavía no veía esperanza por un futuro afuera de la prisión, pero Jesucristo mi Señor continuaba Pastoriandome, y dándome Consuelo y me motivaba pro vivir pro El cualquier circunstancia. Un día en el cuarto de visitas una mujer Cristiana, Donnalee, me presento su amiga Alyssa, una mujer joven que amaba al Señor me empezó a visitar. Juntos en la visita en una mesa estudiabamos la palabra de Dios y orabamos y contábamos alabanzas al Señor, y una relación se fue desarrollando. Su amor por Cristo y su hambre por aprender de Su palabra a mi inspiraba y animaba y al mirar nuestra relación crecer me sorprendía la misericordia y favor de Dios por mi. Alyssa se convirtió mi novia y ahora mi prometida.

En el mismo año que el Señor trajo a Alyssa a mi vida, las leyes de sentencia empezaron a cambiar en una manera al favor a mi situación. Después de tantos añ pensando que no saldría hasta la edad de 60 años, de repente salio la noticia que podía salir en mis 30’s. Dios trajo dos bendiciones a mi al mismo tiempo: Alyssa como mi futura esposa en el Señor y salir de la prisión en solo unos años mas por lo menos.

Galatas 2:20 dice, “Soy crucificado con Cristo; no soy yo quien vive, pero Cristo en mi. Y la vida que vivo en fe en el Hijo de Dios quien me ama y se dio el mismo por mi.” Esta escritura suma lo que la vida nueva y la promesa de estar con el para siempre. Después de tantos años caminando con el Señor, por los momentos malos y Buenos, pueda decir con gozo y confianza que es mi esperanza y fuerza. No importa que es la circunstancia, yo se quien soy en Cristo Jesús mi Señor, quien me enseño y murió por mi y es y sera mi Pastor por siempre. No hay pandilla, drogas o nada se puede comparar a el Amor de Dios.